La Pantalla Pintada
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Edición I - 2009
 
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Macarena Cordiviola

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Muestra internacional de cine experimental y videoarte
Edición I - 2009 / Centro Cultural Carlos Gardel
Los films

 

La Pantalla Pintada comienza con la sección que da nombre al ciclo. El cine tiene de alguna manera un origen plástico. Walter Ruttmann, cineasta alemán de comienzos del siglo XX, describió su trabajo cinematográfico como "pintura en el tiempo”. En escena, hallucinations painted by a camera*1.

El primer cortometraje es Ventana de Claudio Caldini, uno de los pioneros del cine experimental en nuestro país. Cuando lo vi por primera vez, creí que estaba pintado a mano. No, es un haz de luz en una habitación a oscuras. Nietzsche habla de la página en negro que debemos perforar. Caldini tajea la pantalla-tela revelándonos el movimiento interno de un cuadro abstracto. Pero sobre todo, acentúa el enunciado lógico: luz o no luz, todo lo que hay.

Ojos en llamas de Magdalena Jitrik es un trabajo artesanal, el celuloide íntegramente pintado a mano. Su título condensa el incendio de la no representación. Nada que interpretar, las asociaciones equívocas a la hoguera. Este film induce a la experiencia-pura, algo difícil de sostener ya que vivimos bajo códigos saturados. Jitrik propone un Farenheit inverso para deshacernos de esos códigos.

abc etcétera de Sergio Subero, un joven de gran potencial que elige la suavidad del traslúcido como camino estético. Subero realizó este  cortometraje con material encontrado en Súper 8 mm y lo intervino rayándolo, salpicándolo de color. El fílmico es la magdalena de Proust, reminiscencia de una escena familiar pretérita. Al principio manchas, partículas que diluyen las capas de tiempo. La transparencia nos hace ver que toda imagen es deja-vu.

Anna-Lisa Marjak es pintora, fotógrafa y de las primeras realizadoras de videoarte en Argentina. En Colores, Marjak hace de la cámara prisma, expande nuestros sentidos. La voz en off dice: “el color dilata la pupila”. Al decir, actualiza el hechizo para después estampar a fuego un juicio político explícito en el video: “el color divide, multiplica, somos de diferentes colores, no importa, el alma tiene un solo color”. Marjak, a través del prisma-lente, reflexiona sobre la diversidad cultural, étnica, el desprecio a la diferencia. No es un trabajo meramente plástico como aparenta; viene más cerca, a una problemática cotidiana que escondemos.

La sección Rituales del cuerpo trata de la influencia africana en las creencias y ceremonias del Río de la Plata. Exú y Pomba, versión masculina y femenina de la misma deidad, tienen varias representaciones: con capa negra o blanca, hombre-cobra, con tridente, en madera, en hierro, súper dotado; ella, desnuda, con vestido rojo, de pie, recostada, una sirena, tentadora. Estos cultos y su iconografía producen sentimientos y discursos contradictorios, son rechazados o escondidos por estar fuera de las religiones dominantes. Los cultos africanos, llenos de color y vida, ponen en juego pulsiones que tienden a materializar lo invisible. En la dimensión del videoarte, debemos remarcar corrientes como el video-danza o la video-performance, con un papel  importante en la producción. Los tres films pertenecen a la categoría video-performance. Poco importa qué fue anterior, si la carretilla o el brazo articulado.

El primer corto de esta sección es Lorié Exú de Ángela López Ruiz. Ángela presenta al animal humano, su carne al rojo vivo fagocitada y enmudecida por el vacío del alma. Las imágenes devorándose devoradoras sintetizan un concepto: la desolación en la tierra es resultado del abrazo fatal con la nada del ser. “Ay, no me dejes solo”, leemos sobre negro en la pantalla. Le habla al tú que es yo: no te abandones, o el mar quedará sin agua.

En Elegbé de Guillermo Zabaleta, vemos a un hombre en trance. Su cuerpo es tierra, fuego, aire, llave que lo transporta a otro universo. La imagen actual cristaliza en su propia imagen virtual generando una doble imagen donde la cosa y la representación están articuladas. Ahí reside su encanto.

Encrucijada de Anabel Vanoni empieza con planos cortos, detalles, va tejiendo una cadena de relaciones, su variación. Pomba mujer/ diosa/ loba- hace ofrenda y es ofrendada. El correlato del film, su verdadero core, no es el plot (quién hizo qué) sino la relación performer/acción/ vidente. Su naturaleza será modificada de adentro hacia afuera. El corto termina con los niños mirando las acciones por la vitrina, algunos entregan dádivas. Vanoni, como Zabaleta y López Ruiz, trabaja en su obra la magia y el fetichismo. Al ver estos videos, me pregunto cuál es la encrucijada, de quién. ¿De las instituciones religiosas, de los practicantes, de los que no creen, de los espectadores? Su dilema establishment: ¿respetar o reprimir, mostrar o esconder? Pareciera que los credos, aún en el siglo XXI encuentran poco espacio de confluencia. La naturaleza humana tiene pasión por la intolerancia. Los tres artistas proponen otra travesía.

Geografías de una ficción. Si pudiéramos crear una nueva categoría de imagen, siguiendo las establecidas por Deleuze, podríamos llamarla imagen-letra. Diferente al concepto videopoesía (sinónimo de videoarte y a la vez nombre de una corriente dentro de éste). Imagen-letra conjuga enunciado y enunciante.

Esta sección empieza con dos clásicos: Borges y Narcisa Hirsh, alma mater del cine  experimental en nuestro país. El film de Hirsch es el Aleph, ese punto del espacio que contiene el infinito. “Eternity is the Standing still of the Present Time...”*2 dice uno de los epílogos al texto de Borges. Standing adjetiva, quiere decir permanente, fijo, erguido. Still en inglés es una palabra con varias categorías léxicas. Como adverbio significa todavía o incluso; como adjetivo es quieto, calmo; como sustantivo tiene dos o tres acepciones, una específica del cine: fotograma, cada una de las imágenes fijas que componen la película. Hirsch usa a consciencia los múltiples significados de still. Todavía no termina las frases -sutilmente porque las percibimos enteras-; las imágenes incluyen otras por superposición o transparencia, la aguja del reloj enfatiza el ritmo precipitado de la simultaneidad. El corto dura un minuto y contiene todos los minutos del tiempo, desde todos los ángulos. Hirsch toma en un instante un moving still de lo infinito: el Aleph.

Dibujar un elefante en base al recuerdo de los mirlos, texto-guión de la escritora avant garde  Liliana Heer e imágenes de Rubén Guzmán. El trabajo con archivo es otra de las maneras del cine experimental, equivalente a la función del intertexto en literatura. Dibujar un elefante es eldespliegue fragmentario de un acoso sexual, acontecimiento narrado a través de datos concretos, alusiones metafóricas y referencias a un personaje de Joyce. La decisión visual de Guzmán es notoria por la riqueza de recursos : patchwork de escenas filmadas por grandes directores, ralenti, uso de la pantalla negra acentuando el vaivén de la trama, sus silencios. En términos de Roland Barthes, este corte a negro pertenece a la categoría del sentido obtuso. No copia, provoca una experiencia de alto impacto por la puesta en abismo del espectador. En algunas secuencias, la voz en off y la pantalla negra transmiten la sensación de lo incontable. Hay en esta película una única mancha de color. “No es sangre, es rojo”, dice Godard. El paisaje de la niebla es velo. Dos imágenes inolvidables condensan el misterio de la perversidad: la mano que acaricia los senos del maniquí y el primerísimo primer plano de la sonrisa fuera de foco.

Naturalia de Daniela Muttis cruza dos textos, Los ojos azules pelo negro de Marguerite Duras y El templo de la Naturaleza de Erasmus Darwin. Establece un paralelismo entre el santuario de la naturaleza y del amor: “cuando la naturaleza cae en las tormentas destructivas de los tiempos, los restos de la muerte no son sino cambios en las formas, la materia retorna sintiendo nuevos deseos”. La protagonista respira el desatino amoroso. Amar es un crimen, brinda placer. En la escena final, ella extrae de su boca hilo. Una Ariadna que teje redes en su interior para volver a tirar de la cuerda sinfín.

Grounds for divorce I de Jessie Young, una joven artista uruguaya con gran destreza en el formato 16 mm color. En este film, Jessie nos transporta al paisaje británico por excelencia: el cuento fantástico de terror. Al comienzo, predomina lo  maravilloso, pero a medida que la niña come de esa golosina gigante aparece lo macabro: se vuelve vampira. Tres minutos, sin palabras, en la imagen final sus labios chorrean.

Oscuro de Paulo Pécora tiene cierta influencia del cine negro expresionista y especialmente -como lo dice el corto- de Alberto Breccia, un maestro del claroscuro. Paulo rinde homenaje a este género. Un suicidio, una pesadilla, el mandato de repetir acciones. La escasez de elementos en la puesta aumenta la intriga: una llave, un baúl, un libro de fotografías donde vemos manos surrealistas ¿asesinas?, la oscilación de la luz, de los cuerpos. Al final, rebobina el tape. Ahora, después, antes, la yeguavolverá a cabalgar por la noche*3.

Naturaleza en órbita presenta cortometrajes que exhiben con cierta crudeza no exenta de poesía la llegada del fin, el estado de inercia, el deterioro físico, el cuerpo diseccionado bajo la lupa de la ciencia. Testamento y vida interior de Narcisa Hirsch y A través de las ruinas de Claudio Caldini fueron realizados en un contexto histórico de trauma social, 1976 y 1982 respectivamente.

El film de Narcisa Hirsch, desde lo auditivo, contrapone la alegría de saber a nuestros muertos en paz a la privación de identidad: la melodía principal tiene ritmo de carnaval. En el inicio, aparece lo interior, la cercanía, el tacto; luego, lo exterior. En el bosque, plano medio de una mujer en una tina. Corte, cuatro hombres de negro sostienen un ataúd. Corte, la cámara vuelve a la mujer, cierra el plano. Corte, hay una doncella entre los caballeros de la muerte. Close up del rostro sumergiéndose en la tina. Corte, una niña acompaña el ataúd. La mujer, árbol de la vida, resurge aunque la extirpen de raíz. La duración vence al enemigo aniquilador: hay hijos, hay nietos, familiares, amigos, hay cuerpos, están, existen.

A través de las ruinas de Claudio Caldini, sutileza y guerra: un hallazgo. La cámara sobrevuela la costa, estilo indirecto libre del bombardero. Explosiones devoran el cielo de la noche; la tristeza se apodera del paisaje, las casas. Una mujer lleva impresa en los párpados la fatiga. Sin esperanza. El tiempo: estruendo, sombras, fuego. Ilusionista de la imagen, Caldini elige blanco, silencio,  luces bamboleantes. La serenidad deja entrever las turbulencias del dolor.

Desecho humano de Daniela Muttis pertenece a la categoría videodanza, uno de los registros puestos en juego con frecuencia por esta realizadora. Muttis suele poner a la mujer en el centro de sus films. En Desescho, trabaja con el cuerpo, su metamorfosis: una versión femenina de Gregorio Samsa. La mujer se convierte en recipiente, residuo, lucha por subsistir, se agota, cae. Queda reducida. En este cortometraje, Daniela articula música, coreografía e iluminación en un todo perfecto.

Madrigal revelado de Eduardo Duwe es el registro de una operación de cataratas. Un trabajo que muestra la paradoja ciencia maravillosa-ciencia cosificadora. El ojo ya no es humano, sino mecánico haciendo intertexto con los films Un perro andaluz, Brazil, 12 monos y La Jeteé. El iris -ventana del alma- puede ser anulado por la manipulación tecnológica-científica, pero también recuperar su estado original: luminosa percepción.

Popping eyes de Maxi Contenti, otro prometedor cineasta uruguayo, muestra la vulnerabilidad mental; de un momento a otro la protagonista entra en fading. Absorta en detalles cotidianos, pierde la capacidad de armar un todo. Escasa frontera entre cordura y demencia.

Memoria entremuros son registros del abandono, el recuerdo, la pertenencia -extirpada-, el espacio moébico, la cristalización del tiempo producida por la pérdida, el viento hostil de la ceguera social.

El primer trabajo es Tornado de la norteamericana Lynne Sachs. Distintos trozos de papel en manos de una mujer evidencian que lo inimaginable puede acontecer, no sólo tiene consistencia sino existencia. Podemos observar que el sentido obtuso de este corto se encuentra en la uña resquebrajada, el gesto de la protagonista consiste en levantar capas, develar el palimpsesto. Frente a lo real de la muerte, Sachs atraviesa el estado de lo doblemente atónito: lo trágico “natural” y la brutalidad del acontecer irrumpiendo out of the blue*4. Al volver humana la imagen del 11 de Septiembre, Lynne transmite una sensación calma, diluye el odio en ternura.

La cámara en A skin of a particular architecture de Verónica Cordeiro visita lugares y objetos abandonados, nos invita a revivir un olvido ajeno. Del protagonista fuera de campo, de quienes habitaron alguna vez esos espacios vacíos, nuestro, porque el olvido a veces convierte al recuerdo en extraño; otras, lo devuelve. El nombre de la película remite a la frase de Valéry “lo más profundo es la piel”, lo olvidado habita en la superficie. Entonces, hacia el final, el sonido de un piano y una frase extranjera vuelven propia la nostalgia.

Entreabierto es un trabajo conjunto de Verónica Vitullo y Mariana Sosnoswski. Entreabierto es el espacio indefinido que habitamos; sin embargo, hace siglos representado entre cercos.
Entre: preposición: en medio de. Atrapados. Elegir entre una cosa y otra suele ser la norma excluyente. Entre: forma imperativa del verbo entrar. El corto de Verónica y Mariana está más cerca de la inclusión, invita a pasar teniendo como referente la lógica de la banda de Moebius: el adentro es afuera y viceversa. Un convite a vivir la paradoja, abrirnos a la multiplicidad.

El cierre mítico del Bar Británico de Damián Sergio documenta con una lente tarkovs-borgeana los últimos días de ese espacio de culto. El registro cinematográfico está teñido de irrealidad. Los habitués en asamblea parecen actores ensayando; la borra de café augura lo inevitable; la persistencia del humo genera ilusión; el reflejo de los autos parecen ingresar al bar, cual espíritus citadinos gritando “no nos resignaremos”. Las visiones aullantes parecen murmurar “el comienzo y el fin son ficción, es sólo una estética ahuyentadora”.

Ricardo Greene en La ausencia actualiza a través de miles de fotografías la memoria de los que no están sino por el racconto que hace la protagonista. Ella, una empleada doméstica, plantea un singular punto de vista: cámara subjetiva marginal. Por la puerta trasera, confinada a la cocina -su habitat natural-, nos muestra la casa y su historia, el como si de una vida, las experiencias compartidas de quienes habitaron y habitan esos ambientes. Por el fundido B&N a color, diferentes instantes impregnan nuestros ojos. Un homenaje devoto hacia esa mujer.

La nena llora de Anna-Lisa Marjak tiene un abordaje político, al igual que Colores. La niña no llora en la madrugada pidiendo pan como en el tango, está a la luz del día y aún así nadie la ve. Es como un bicho, la pisan. Marjak es directa en la imagen que devuelve de la gente caminando, a las corridas, nonstop en la vorágine de la city. “¿Dónde están todos para socorrerla? Mírenla”, interpela la voz en off. Con astucia, Marjak elige una estética que combina lo psicodélico-visual, la tecno-música, el off que deviene rapero. Una tonada pegadiza reverbera, cuestiona, deja sabor amargo: ver duele. Pero sólo viendo podemos actuar, pareciera transmitirnos el cortometraje de Marjak.

 

*1 En español: alucinaciones pintadas por una cámara.
*2 En español: la Eternidad es la Persistencia del Tiempo Presente.
*3 Juego idiomático. Nightmare, del inglés, significa pesadilla. Es una palabra compuesta por dos vocablos: night – noche - y mare -yegua-.
*4 Expresión en inglés que significa de la nada, de repente, inesperadamente