La Pantalla Pintada
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Muestra internacional de cine experimental y videoarte
Texto leido por Macarena Cordiviola en la apertura del ciclo
" Oh cráneo ojo de la noche vacía,
la imagen trae fiesta a la oscuridad."

Hacer un recorrido cronológico de la historia del cine experimental y el videoarte sería demasiado extenso y no es la razón de esta convocatoria. Sí dar marco a los cortometrajes exhibidos en este ciclo.
Los artistas de la muestra representan diferentes estéticas y lenguajes del cine experimental y el videoarte, tanto nacional como internacional, de diferentes generaciones, varios de ellos pioneros de estas corrientes.

Primero lo primero: establecer las diferencias entre el cine experimental y el videoarte, así como sus puntos de contacto.

El origen del cine experimental podría remontarse a los comienzos del cine con el Movimiento Abstracto y  el Expresionista en Alemania, con Un perro andaluz de Buñuel, la producción fílmica de Marcel Duchamp, Léger, entre varios otros. El pronto desarrollo tecnológico del lenguaje cinematográfico y la industrialización parecieran haber fagocitado esta estética, hasta su resurgimiento en los 60s.

El videoarte y las videoinstalaciones comenzaron antes incluso de que los artistas pudiesen acceder a cámaras de video -inevitable pensar en el cameraless cinema. En los años 70 como una reacción contra la televisión, las primeras muestras producían trabajos con imanes que desestabilizaban la imagen provocando visiones abstractas en la pequeña pantalla. Muchos teóricos apuntan a Nam June Paik y el grupo Fluxus como los padres de esta estética.

Otra diferencia importante es el formato.
El cine experimental filma en celuloide, este suele ser en muchas casos el soporte final de la obra. Se usa película Súper 8, 16 y 35 mm, entre formatos. Se trabaja mucho con found footage, es decir material encontrado. Se interviene el fílmico artesanalmente haciendo dibujos, modificaciones en el revelado, usando rollos vencidos. Por supuesto, todo el trabajo de luz, puesta, velocidad de cámara juegan un papel esencial. Esto ocurre tanto en cine como en video, la diferencia reside en el tratamiento. El tipo de imagen de cada soporte requiere cierta materialidad y produce efectos diversos. La imagen de video tiene menos profundidad, los colores son distintos, las texturas. Es diferente también la imagen de un film realizado en celuloide al ser proyectado en formato original o digitalizado.
El videoarte al principio era analógico, cinta magnética: actualmente es digital. Esta disciplina interviene la imagen principalmente desde la postproducción: ventanas dentro del cuadro, animación, superposiciones. En esta corriente estética, se elige a veces la tecnología low definition en contraposición a la tendencia high definiton. Recordemos que en su origen el videoarte se manifestaba contra los mass media y lo sigue haciendo.

Hay videoartistas que intervienen la programación televisiva, buscan un lenguaje fuera del establecido por los noticieros, los programas de entretenimiento, vulgares por su carácter desinformativo, tendencioso, en pocas palabras: aplanador. Por supuesto, los circuitos de difusión de una TV no-acéfala son pocos y marginales. Al decir no-acéfala me refiero a que haya cabeza puesta y expuesta, experiencia, pensamiento, saber que haga posible una transferencia; no a que tenga amos digitando cabezas.

Hay antecedentes de cineastas que produjeron películas o series especialmente para la televisión: Igmar Bergman, David Lynch, Peter Greenaway, Raoul Ruiz, David Stivel en nuestro país. Peter Greenaway incluso vaticinó que el lenguaje televisivo devendría menos obvio en su manera de representar, incitando a los televidentes a la reflexión. Todavía es largo el camino a recorrer pero creo que se vienen generando nuevas maneras.
Como escribió Roberto Arlt: el futuro será nuestro por prepotencia de trabajo. Es la tradición del arte, también del cine y el video experimentales. Desde los inicios ambas expresiones producen, con intermitencia pero sin cesar. El trabajo y la prepotencia a favor para romper con los modelos institucionales, conquistar  espacio, en expansión.

El cine experimental y el videoarte fisuran además la relación con el espectador, invitan a otro viaje, ajeno a la identificación. Roland Barthes habla del sentido obtuso, un significante sin significado. O sea, no representa, no copia. Al mismo tiempo, este frame ideolect (idiolecto de fotogramas) acentúa la significación asignada a cada significante produciendo nuevos sentidos. Así, estas estéticas audiovisuales (im)ponen al espectador en un lugar vidente -en su segunda y tercera acepciones según RAE online-, quien tiene visiones sobre ese velo transparente semiopaco: esfera de cristal, manto, nube. La pantalla.

Son muchos los nombres que hicieron posible la fuerza creativa de estas corrientes. En el cine experimental Stan Brakhage, Joseph Cornell, Raymond Rohauer quien realizó las primeras proyecciones en Los Angeles, Norman McLaren, Agnes Varda, Ferrucio Mussitelli en Uruguay, en Argentina Narcisa Hirsch, Claudio Caldini, Marielouise Alemann, Silvestre Byron por nombrar algunos

En el videoarte: Wolf Vostell, Nam June Paik, Lynne Sachs y Mark Street, Roberto Mascar, Teresa Puppo, Enrique Aguerre, Ángela López Ruiz en Uruguay; en Argentina Graciela Taquini -que también cura videoarte y arte-tecnológico-, Sara Fried, Gabriela Golder, Anna-Lisa Marjak, VideoBardo de Javier Robledo, la organización Art Detroy, Carlos Baragli en la difusión y curaduría.

Vale mencionar  también artistas como Chantal Ackerman, Janet Cardiff, Sophie Calle, Matthias Müller, Christoph Girardet, que manejan la fotografía, el video, la instalación, el sonido, el espacio, etcétera